ING. Tomás Hernández Alberto,
En días recientes, la organización Amnistía Internacional emitió declaraciones cuestionando la política migratoria del gobierno dominicano, especialmente en relación con los ciudadanos haitianos. Sin embargo, la respuesta del presidente Luis Abinader no se hizo esperar. Con firmeza y claridad, defendió el derecho soberano que tiene la República Dominicana de decidir sobre sus asuntos internos, especialmente en temas tan delicados como su seguridad fronteriza y migración.
Abinader recordó a la comunidad internacional que la República Dominicana no es un país subordinado a intereses extranjeros, ni mucho menos debe pedir permiso para hacer cumplir sus leyes. Su contundente declaración tras una reunión con el expresidente Hipólito Mejía dejó claro que Amnistía Internacional debería dirigir su atención hacia Haití, donde la situación humanitaria es crítica, antes de venir a juzgar las decisiones legítimas de un país soberano.
Históricamente, la República Dominicana ha sido blanco de presiones externas cada vez que toma decisiones firmes respecto a su frontera. Desde organismos internacionales hasta ONGs con intereses particulares, muchos han intentado incidir en nuestras políticas. No obstante, hasta la llegada del presidente Abinader en 2020, pocos líderes habían tenido el valor de responder con tanta convicción y responsabilidad patriótica.
Desde el inicio de su mandato, el presidente ha marcado un antes y un después en la defensa de la soberanía nacional. Ha implementado un enfoque integral en la frontera, incluyendo el uso de tecnología de vigilancia, mayor presencia militar y, sobre todo, la construcción del muro fronterizo. Estas acciones no solo son estratégicas, sino necesarias para garantizar el orden y la seguridad nacional.
El muro fronterizo no es un símbolo de rechazo, sino de protección. Representa el derecho de un Estado a controlar sus entradas y salidas, a mantener el orden interno y a proteger a sus ciudadanos. Quienes critican esta medida desde el extranjero, ignoran muchas veces el contexto histórico, social y económico en el que vivimos. No se trata de negar ayuda al pueblo haitiano, sino de establecer límites claros y legales.
La postura de Abinader ha sido coherente: apoyar al pueblo haitiano desde el plano internacional, pero sin permitir que los problemas internos de Haití se conviertan en una carga para la República Dominicana. Esta posición ha sido respaldada por la mayoría del pueblo dominicano, que exige orden, legalidad y respeto a la identidad nacional.
Amnistía Internacional, al emitir juicios sin considerar plenamente la realidad dominicana, pierde legitimidad ante la opinión pública. No se puede pretender dar lecciones de derechos humanos sin primero observar las condiciones en las que viven los ciudadanos haitianos en su propio país. El respeto empieza por la comprensión del contexto.
Luis Abinader ha demostrado tener agallas para enfrentar estas presiones. Su liderazgo firme no solo ha elevado el debate, sino que ha enviado un mensaje claro a la comunidad internacional: la República Dominicana se respeta. No se puede permitir que organismos foráneos intenten imponer agendas contrarias al interés nacional.
En tiempos donde muchos líderes optan por la diplomacia tibia, Abinader elige la defensa valiente. Y eso no lo hace menos democrático, sino más digno. Un presidente que se atreve a decir lo que piensa y a hacer lo que el país necesita es, sin duda, un verdadero defensor de la soberanía.
Hoy más que nunca, el pueblo dominicano debe valorar este tipo de liderazgo. Luis Abinader ha asumido con responsabilidad la tarea de proteger la nación y lo ha hecho sin miedo ni medias tintas. En la historia quedará como el presidente que más ha hecho por la frontera y que no se dejó intimidar por quienes, desde afuera, pretenden dictar el rumbo de nuestra nación.