Por Tomás Hernández Alberto
Al mirar hacia el 2028, los perremeístas debemos hacerlo con la frente en alto y con la certeza de que el camino recorrido ha valido la pena. La historia reciente ha demostrado que cuando un partido se une alrededor de principios, valores y un proyecto de nación, los resultados se sienten en la vida de la gente. Ese es el compromiso que hoy representa el Partido Revolucionario Moderno.
El liderazgo del presidente Luis Abinader ha marcado una etapa de
transformaciones profundas, transparencia y cercanía con el pueblo. No ha sido un camino fácil, pero ha sido un camino firme, guiado por la responsabilidad y el amor por la patria, poniendo siempre en primer lugar el bienestar de los dominicanos.
Mirar hacia el 2028 no significa únicamente pensar en una nueva contienda electoral; significa consolidar lo que hemos construido, fortalecer nuestras estructuras y continuar el proceso de cambio que hoy vive el país. Los logros alcanzados no pueden detenerse, porque representan avances reales en institucionalidad, obras y oportunidades.
La mayor fortaleza de nuestro partido ha sido siempre la unidad. Cuando caminamos juntos, con respeto y visión común, somos invencibles. La unidad no es un discurso, es una práctica diaria que se construye escuchando, integrando y reconociendo el valor de cada dirigente y cada militante.
El futuro del partido deberá descansar en un candidato o candidata que encarne los principios que nos dieron origen: honestidad, compromiso social, cercanía con la gente y vocación de servicio. Ese liderazgo deberá surgir de la madurez política y del consenso, guiado por la experiencia y la sabiduría acumulada en estos años.
En ese proceso, la orientación y la prudencia del presidente Abinader serán determinantes. Su visión, su equilibrio y su sentido de responsabilidad serán claves para garantizar que la transición hacia el liderazgo del 2028 se realice con armonía y con un propósito claro: que el partido siga siendo instrumento de progreso para el país.
Con Dios mediante, el presidente Abinader también está llamado a seguir desempeñando un papel fundamental dentro de la organización política, aportando su experiencia, su serenidad y su capacidad de unir voluntades, cualidades que han sido esenciales para mantener la cohesión y la estabilidad del partido.
Debemos entender que el liderazgo verdadero no se impone, se construye; no divide, une; no busca protagonismo personal, sino resultados colectivos. Esa debe ser la guía para todos los que aspiren a servir desde cualquier posición dentro del partido y del Estado.
El 2028 debe encontrarnos más fuertes, más organizados y más comprometidos con la base del partido y con el pueblo dominicano. Debe encontrarnos defendiendo los avances logrados y proponiendo nuevas metas, siempre con la mirada puesta en el desarrollo y la justicia social.
Hoy más que nunca, reafirmo mi convicción de que el camino correcto es el de la unidad, el trabajo y la fe en el futuro. Si permanecemos unidos, si actuamos con responsabilidad y si seguimos poniendo a la gente en el centro de nuestras decisiones, el porvenir del partido y del país seguirá siendo prometedor. El cambio no solo debe continuar; debe profundizarse y consolidarse para las generaciones que vienen.




















